La evolución de las emociones de Benedict fue progresiva. En primas instancias frunció el ceño, a la vez enfadado por oir la palabra "pareja" pero también porque por un instante creyó no haber oido bien. En menos de lo que cantaba un gallo su expresión se relajó y lentamente fue bajando los cubiertos hasta el plato, con un trozo de carne pinchado ya en el tenedor que estaba a punto de llevarse a la boca -¿Tu... pareja?- concedió por fin tras un breve lapso de silencio. Laura, algo alejada de la mesa, bajó la cabeza con una amplísima sonrisa para despues dirigir sus ojos esmeralda hacia Benedict -¿Mi hija, mi pequeña, mi niña Rose... tiene un pretendiente?- ella asintió, entre nerviosa y emocionada. Sonrió a su padre y finalmente, lo ablandó. Benedict dio una sonora palmada de alegría -¡Ja! Qué gran noticia, fantástica noticia ¿No crees Laura?-
-Espléndidas sin duda. Es una gran noticia Rose. Me alegro muchísimo- la joven Miller agradeció
-¿Así que Nicholas, eh? ¿Y quieres presentármelo formalmente? Esto tiene buena pinta, cielo- Rose asintió -Sin embargo quiero saber... cuéntame algo de él. ¿Te trata bien? ¿Tiene algún mal hábito que deba subsanar antes de poner un pie en mi casa y arriesgarse a que tome la escopeta de caza?- dijo en tono jocoso, riendo observando a su hija. Rose se echó a reir, alegando que en absoluto había nada que temer de Nicholas. Era un hombre muy bueno, amable y cariñoso. Tenía además un gran futuro por delante, ya que era hijo de un reconocido magnate de negocios, dueño de una de las mayores tabacaleras del Imperio: Klainsmoke -¿Qué?- se sorprendió el padre -¿Klainsmoke? ¿Es hijo de Morthy Klain?- se echó a reir -¡Mi hija sí que sabe elegir un pretendiente!- rió y rió, limpiándose la barba y los labios con una servilleta de forma elegante
-¿Puedo saber cómo os conocisteis?- preguntó la criada con amabilidad y educación, risueña
-¡Eso! ¿Estudiaba lo mismo que tú?- arqueó una ceja el padre, a lo que Rose negó. Nicholas, como futuro heredero de Klansmoke, estaba estudiando finanzas. No estaban en la misma clase y él era algo mayor que ella, pero coincidían en los jardines del campus, donde se conocieron y comenzaron a intimar el uno con el otro -Oh, ya veo. Fantástico- sonrió Benedict
-Veo que tal y como tu padre, no pierdes oportunidad de seducir en tus ratos libres- sonrió Laura
-¡Laura, por favor!- rió Benedict -¿Es que me he equivocado permitiéndote darte tanta libertad?- bromeó
-Disculpad mi Lord Gobernador, pero creo saber bien que no es el caso- devolvió ella la sonrisa y cuando Rose dejó de mirarla, se mordió el labio de forma provocativa
-Tienes toda la razón- asintió el hombre -¡Pues bien! Todo sea dicho. Por supuesto, quiero que invites a este hombrecillo a tu fiesta. Quiero conocerle- concedió, haciendo que Rose se deshaciese en alegrías -Que venga unos días antes y así se habitúa a esta ciudad. Sunkirk es muy distinta de Hardev-
Y así se hizo. Aquella misma tarde Rose había escrito la cara con su puño y letra y la envió a la dirección que Nicholas le dio el último día que se vieron. Desde entonces, sólo quedó esperar. Pasaron unos días hasta que por fin llegó el cartero con una misiva en nombre de la familia Klain. El muchacho estaba preparándose para partir y llegaría en aproximadamente unos cuatro días. Rose estaba exultante, dando saltos de alegría y Laura compartía su mismo entusiasmo, en el fondo, para sus adentros, deseando conocer al chico que había robado el corazón a su querida Rose ¿Sería guapo, atractivo, escultural...? Sabía que tendría ocasión de descubrirlo, no podía permitir que nadie la distrajera de sus futuras labores. Las invitaciones para la fiesta a las casas nobles comenzaron a prepararse por igual y por tanto a enviarse, para que aquellos que tuviesen problemas para acudir pudieran dar una educada negativa, aunque fueron pocos los que no pudieron acudir. Sin embargo, las noticias volaron a oidos incluso de aquellos que no eran tan nobles. En un callejón, a altas horas de la noche, una prostituta caminaba a paso rápido entre las ratas y los restos de basura. Se apoyó contra una esquina y miró el camino que había recorrido, esperando que nadie la siguiese. Era una chica joven y bastante guapa, de piel pálida y cabellos azabache. Del pronunciado y revelador escote extrajo entonces un sobre y comenzó a buscar la forma de abrirlo sin romperlo. No se percató de que a su lado tenía a un hombre encapuchado. La mano del individuo la tomó del cuello y la aprisionó contra la pared con una fuerza abrumadora.
-Lumira Cranswood- rezó Crow, mirándola a los ojos
-¡T-tú...!- la chica soltó la carta de la impresión y forcejeó por soltarse de la presa del misterioso asaltante
-Sabes por qué he venido-
-¡No soy una bruja!- sollozó -¡No soy ninguna bruja! ¡Lo juro! Soy... soy sólo una puta, me gano la vida como puedo- gimoteó
-Sé que no eres una bruja- confirmó Crow -Y yo no soy un Inquisidor-
-P-pero... tus ropas...- sus ojos enlagrimados buscaron el emblema de la Inquisición, que se hallaba ausente -Si... si vistes así... ¿Entonces eres el fantasma?- Crow alzó una ceja -Hay historias... historias que...- tosió. Crow aflojó el agarre
-¿Qué historias, Lumira?-
-En mi gremio hay historias de un hombre, un antiguo Inquisidor que murió, traicionado por los suyos. Dicen que volvió a la vida para tomar venganza y hacer justicia... ¿Eres tú el fantasma?- dijo temblorosa
-Tal vez-
-¿Q-qué quieres de mí...?-
-La carta. Dámela y olvida a quién se la robaste. Olvida quién te la quitó- ordenó
-Y-yo... Oye... mira... me ha costado mucho obtenerla ¿Sí? P-puedo ganar algo con ella, necesito dinero. Por favor... quizá podamos llegar a un acuerdo- dejó de forcejear con el brazo de Crow y simplemente de un tirón se bajó el corsé para mostrar sus cándidos y densudos pechos, aunque algo enrojecidos por los servicios prestados. Una mano lujuriosa fue a parar a la entrepierna de Crow -Pareces muy físico para ser un fantasma, seguro que tienes unos intereses que puedo realizar y...-
-Olvida a quién se la robaste y olvida quién te la quitó- repitió Crow, impasible. Lumira enfureció
-¡La carta es mía!- rugió -Me he tenido que follar durante horas y más de una vez a ese maldito gusano de Warwick a espaldas de su esposa ¡Me la he ganado!-
-Ya has cobrado por tus servicios prestados- la soltó -Olvida la carta, a quién se la robaste y quién te la quitó- repitió por última vez. Fue a agacharse para tomarla, pero Lumira fue más rápida. Echó a correr. Estuvo a punto de pedir auxilio, pero cuando se quiso dar cuenta Crow estaba tras ella, agarrándola del cuello con un brazo, rodeándoselo
-¿¡C-ómo...?!-
-Olvídalo todo- y Crow apretó hasta que sintió que las fuerzas de la puta cedieron. Luego, le quitó la carta. La invitación a la fiesta de los Miller.
-Nunca dejará de sorprenderme tu frialdad- se materializó el Hereje a su lado -¿Qué harás ahora, Crow? ¿La llevarás a tu guarida como si fueses un personaje de un relato romántico? ¿La dejarás en tu camastro y la besarás para que al despertar, la chica se entregue a ti? La puta y el fantasma. Qué idílico- Crow hizo caso omiso a sus burlas y se echó a caminar, dejándola atrás -O también puedes hacer eso... huir, sin dejar rastro. Dejarla a merced de cualquier desalmado que pase por aquí, o de las mismas ratas que encuentren un agradable agujero entre sus piernas donde meterse a pasar la noche y de paso alimentarse- rió con voz espectral. Crow se desvaneció en las sombras sin hacerle el menor caso -Vaya... Definitivamente, no por nada eres mi favorito, chico- el Hereje se desvaneció tal y como apareció.
Por fin llegó el día, aunque el barco que transportaba a Nicholas llegaría entrando el atardecer. Rose estaba visiblemente nerviosa desde ya una buena mañana. Había pasado los días preparándolo todo, desde dar órdenes para hacer más presentable la casa como buscándose algún vestido acorde para la fiesta. Tanto fue así, que hasta se había olvidado por completo de hacer una visita a su propia ciudad tras tantos años de ausencia para ver cuanto había cambiado y aquello fue precisamente lo que Benedict aconsejó a la chica aquella mañana, tras haber acabado el desayuno -Deberías relajarte, hija. Si sigues así acabará dándote un ataque y supongo que eso daría muy mala impresión a Nicholas- rió -¿Qué te parece salir a despejarte, dar una vuelta por la ciudad? Además, tal vez encuentres algo más que ponerte. Quizá algún tocado o... algún abalorio que te resulte bonito- la chica no sabía que hacer. No ardía precisamente en deseos de salir a pasear. El ambiente de Sunkirk era agotador. El aire estaba algo viciado por la contaminación, el humo del carbón y las fábricas, de la refinería de aceite y generadores -Venga, te hará bien. Tómatelo como una media orden de tu señor padre- dijo el hombre hacíendole una caricia en la mejilla, a lo que la chica suspiró y asintió -Sin embargo me temo que no podré acompañarte. Tengo unos trabajos que llevar a cabo hoy, unas reuniones con la Corte- ¿Entonces? -Espero que no te resulte inoportuno, pero ya he avisado al capitán Jacob Marlow. No le resulta lo más mínimamente molesto acompañarte. Además, quizá así te acuerdes de algo más de él. Conocerle le conocías desde hace mucho tiempo. Es un gran hombre- Rose se preguntó si es que era algo decente retirar al capitán de la Guardia de sus funciones para acompañar a la hija de un noble a pasear -¿La hija de un noble?- rió -Eres la hija del Lord Gobernador. Te corresponde el título de Duquesa de Sunkirk. El capitán de la Guardia es la mínima proteccion que necesitas. Es un hombre capaz, prodigioso. Te mantendrá a salvo de los peligros- ¿Qué peligros? se preguntó la chica ¿Es que había peligros en Sunkirk? -Oh, no, en absoluto- mintió su padre -Vamos, prepárate, no tardará en llegar-
En cuestión de una hora llegó un coche, en el que llegó el capitán Marlow acompañado del Abad Salomon, cada uno para sus distintas tareas. El anciano se dirigía a la reunión de la Corte del Lord Gobernador, mientras que Marlow simplemente esperaba a Rose. Cuando la chica salió, se encontró con ambos en el jardín de su casa -...debéis tenerlo siempre presente-
-Sí, Abad Salomon- asintió formalmente Marlow, aunque ambos entraron en un profundo silencio en cuanto vieron que la chica se acercaba y podía oir su conversación
-Oh... Duquesa Miller- inclinó ligeramente la cabeza el Abad -Llegaron a mis oidos las notocias de vuestro regreso. Es sin menor atisbo de duda un verdadero placer...- la recorrió con la mirada -...el teneros de vuelta- sonrió con afabilidad -Vuestra belleza y virtud sin duda aportan a la luz que el sol tiene a bien regalarnos cada nuevo día- ante el comentario del Abad, Rose no supo hacer otra cosa que sonreir con amabilidad. A él sí le recordaba, pues era difícil olvidar a un hombre que imponía tantísimo respeto. Salomon era un hombre duro, severo y dedicado a su labor religiosa. Siempre fue un tipo capaz de inspirar terribles escalofríos en Rose -Pasad un buen día, señorita Miller. Y capitán Marlow, mantenedme informado por favor respecto a los Insurrectos- dijo por fin el hombre mientras entraba en la casa del Lord Gobernador, dejándola a solas con Marlow
-Buenos días, señorita Miller- dijo solemne. Ella le devolvió el saludo -Es para mí un placer poder acompañaros en el día de hoy ¿Preferís ir en coche o caminando?- teniendo en cuenta que su padre le había organizado el día sin su completo consentimiento para el mero hecho de que saliese a relajarse un poco la chica prefirió caminar. Marlow asintió conforme y así, se pusieron en marcha.
Juntos recorrieron una gran cantidad de calles, tanto de viviendas como algunas con tiendas. Para Rose, la ciudad definitivamente tenía un aspecto ligeramente diferente. Marlow le estuvo contando que habían existido dificultades desde hacía unos pocos años, poco después de que la chica se marchara a estudiar fuera. En su mayoría y estructura, parecía ser la misma ciudad. Era completamente reconocible. Sin embargo, había un tono más gris de lo normal y desde algunas calles altas, si miraba hacia el puerto o las minas de carbón, podía apreciar que había una visible diferencia de saneamiento. Tales visiones le trajeron preguntas a la cabeza y, dado que estaba con Marlow, decidió preguntar sobre los Insurrectos -Ah, ese tema- suspiró el capitán -Lamento que el Abad lo haya mencionado ante vos, señorita Miller- Rose volvió a insistir una vez más en que simplemente la lamase Rose -Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que os vi y lamento comunicaros que me costará trataros como a una igual. Sois la hija del Lord Gobernador- Rose se echó a reir ¿Es que ese hombre nunca descansaba? Definitivamente no parecía un mal tipo, sólo demasiado alerta por hacerlo todo bien. La risa de la chica relajó un tanto a Marlow -Está bien, está bien... Rose- dijo por fin. La chica aseguró que no había empezado a sangrar ni se le había roto hueso alguno porque él la hubiese llamado por su nombre -Al Sol gracias- sonrió Marlow. Rose entonces volvió a inquirir en el tema de los Insurrectos -Llamamos Insurrectos a un grupo terrorista nacional que nació poco después de que marcharais aunque en la Guardia sospechamos de que había nacido mucho antes, sin embargo comenzaron a atacar en ese entonces. Son un grupo de ratas de cloaca que claman luchar por sus derechos- bufó una risilla despreciable -Y sin embargo, no son más que unos trepas, aprovechados, parásitos que quieren robar a las casas nobles la grandeza ganada con el sudor de vuestros antepasados. Se quejan de la comida, se quejan de la fé, se quejan del trabajo, cuando aún hay algunos habitantes de Sunkirk que no tienen siquiera oportunidad de trabajar, bien sea porque no han poseido nunca una moneda o porque nacieron con algún tipo de problema que les dificulta ganarse la vida- chasqueó la lengua, tratando de calmarse -Mis disculpas, es un tema que me altera en exceso. Por alguna razón piensan que todo cuanto la nobleza posee, todo cuanto la Guardia posee, se nos ha regalado. Si estoy en este puesto, por ejemplo, es por mis merecidos ascensos. No he tenido necesidad de besarle las botas a nadie para lograrlo- Rose trató de ser empática y asegurarle que estaba segura de que se lo merecía, aunque era un tanto extraño esas revueltas ¿Eran tan peligrosos? -Lo son. Me temo que como consideran que no tienen nada que perder, cualquier pequeña cosa que hagan es ganar. Antes de que llegarais a Sunkirk hubo un intento de atentado contra el Abad Salomon en la Abadía en plena oración a Oath el Sol- Rose se llevó una mano a la boca, sorprendida ¿Realmente estaban tan desesperados? -Yo lo llamo locura. Realmente están tan locos. Por suerte, la Inquisición actuó a tiempo y fue entregado a la guardia- ¿Y qué fue de él? -Fue tratado como todo ciudadano que infringe la ley de forma severa y ha sido firmemente encerrado en un calabozo a espera de un juicio justo. Seguramente no verá la luz en muchísimo tiempo- mintió, pero Rose no tenía por qué saber lo que se escondía más allá de los barracones y despachos de los altos mandos de la Guardia -Uhm... mirad que hora es- dirigió la mirada a una alta torre con un gigantesco reloj. Las manecillas marcaban que se acercaba la hora de comer y pronto después la llegada de Nicholas -Es hora de volver, Rose- le sonrió -Os acompañaré a casa y después, tengo entendido, he de llevaros al puerto. Me temo que vuestro padre me lo encomendó debido a que estará ocupado todo el día. Espero que no os resulte molesta mi compañía- asintió con amabilidad y con una sonrisa encantadora, enternecida por la barba del hombre, que le daba un aspecto maduro, sabio y diligente.
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