El paseo de vuelta a casa transcurrió casi tan en silencio como en su inicio. Rose agradecía la preocupación de su padre, así como las buenas intenciones de Marlow, pero hubiese preferido caminar sola. El estar junto a un desconocido, en una labor tan banal como caminar, la incomodaban. No sabía de qué hablarle, qué contarle o qué decirle. Quizás hubiese sido más fácil si se tratase de cualquier otro hombre. El ser consciente de su importante cargo, limitaba su imaginación, pensando que debía tener demasiados problemas y suficientes responsabilidades en su cabeza como para conversar sobre temas sin importancia. Por ello, agradeció enormemente llegar a casa rápido.
Cuando Rose llamó a la puerta y Laura la abrió desde el otro lado, las voces de los hombres discutiendo en el salón en tono calmado llegó a sus oídos. Estaba claro que la reunión aún no había terminado. -¿Sabes si les queda aún demasiado consenso por delante?-
-No lo sé, Rose. Sabes que no puedo estar dentro cuando se reúnen-
-¿Han salido al menos para tomar un descanso?-
-No. No han salido todavía- Rose puso los ojos en blanco al oír aquello. Lanzó una mirada a Jacob, que se había quedado en el jardín esperando. ¿A caso tenía la intención de esperar ahí hasta que el Abad terminase?
-Capitán ¿Quiere entrar y tomar algo mientras espera? Laura puede preparar lo que quieras- Al decir esto, la criada sonrió ampliamente, de manera cariñosa, al capitán. Rose no lo vio, pero Laura imitó perfectamente la forma de morderse el labio que tenía la chica. Marlow, simplemente, asintió para no ser demasiado descarado o atrevido ante la invitación de una mujer tan joven.
Una vez dentro de la casa, los tres se encaminaron hacia la cocina. Al estar el salón ocupado, aquel era el único lugar en el que podían estar tranquilos. Laura comenzó a preparar té, cuyo olor se mezclaba con el de la sopa que también había empezado a preparar para el almuerzo, minutos antes de que ellos llegaran. La cocina de inundó de olores atrayentes, que no tardaron en templar los ánimos de los allí presentes. -Entonces ¿Me acompañaréis también hasta puerto?- rompió Rose el silencio.
-Así es, señorita Miller-
-Veo que no tenéis tiempo para descansar-
-Así es- La chica tragó saliva. Desde luego, era dificil para ella entretener a alguien. Observó como Laura la miraba de reojo. Quizás ella también se sentía incómoda.
-Tienes que estar deseando que llegue Nicholas- dijo de repente la criada de forma oportuna.
-No son tantos días separados, pero, por el Sol... así es- sonrió.
-No me has dicho cuanto tiempo lleváis... hablando-
-Quizá... ¿Cuatro años? No sabría decir con exactitud-
-Las fechas importantes no se olvidan, señorita- corrigió la criada. -Igualmente, no era de extrañar. Algo me decía que después de tanto tiempo sola en las afueras, volvería con una noticia así. ¿A que es fantástico, Capitán?- se atrevió la criada, obligando al hombre a despertar del estado de constante pensamiento en el que había entrado.
-¡Laura!-
-Si la hija del Lord Gobernador contrae matrimonio, sería un acontecimiento espectacular-
-Sí, claro que sí- respondió únicamente el hombre
-Hablar de matrimonio a lo mejor es algo precipitado. Yo no he dicho nada sobre...-
-Pero está claro que así sería. El Lord Gobernador apuraría los trámites para que no pasase demasiado tiempo-
-Pero si Nicholas ni si quiera...-
-Felicidades, señorita Miller- dijo entonces el hombre, sin sonrisas, puramente serio. Al ver aquel rostro, Rose pestañeó. No pudo indagar sobre lo que ocurría, puesto que las puertas del salón se abrieron, y al hacerlo, un numero considerable de hombres empezaron a salir del hogar, murmurando, prestando más bien poca atención a quienes se encontraban en la cocina. Benedict y Salomon fueron los últimos en salir, los únicos que se dirigieron hacia donde estaban ellos.
-¿Habéis terminado ya?- preguntó Rose algo inquieta.
-Me temo que solo es un descanso, mi niña. No te preocupes. Procuraré que todo esté listo para cuando vuelvas del puerto- La chica suspiró. ¿Realmente lo tenía controlado? ¿O sería capaz de dar mala imagen ante Nicholas? -Laura, el Abad Salomon se quedará a almorzar. Me parecería descortés invitarle a salir teniendo aquí comida de sobra y buena compañía. Capitán Marlow, usted también puede quedarse-
-Muy agradecido, Lord Gobernador- asintió. Rose se cruzó de brazos. No era quien para quejarse, pero la simple idea de comer con el Abad no era para nada de su gusto.
Sin remedio alguno, el comedor se dispuso con un par de sillas más ocupadas. Laura repartió equitativamente el almuerzo, llenando la mesa de otros alimentos como el pan y patatas asadas con las que se podía acompañar la ingesta. Rose se sentó junto a su padre, pero frente a Jacob. Lo agradecía. Era menos escalofriante verle a el en vez de al Abad cuando levantase la vista de su plato. No es que tuviese nada contra él... simplemente... no le gustaba.
-... Y por ello estamos planeando dar una fiesta este mismo domingo- comentó Benedict a Salomon, mientras el capitán y la chica guardaban silencio.
-Cuan noble acontecimiento, merecido para una bienvenida así- prosiguió Salomon. -Señorita Miller ¿Ha disfrutado de su estancia fuera?-
-Así es-
-¿Que... que fue eso que decidiste estudiar?-
-Culturas y lenguas universales- respondió sin necesidad de añadir más.
-Cuan interesante... Curioso que esos estudios sean del gusto de una señorita-
-A decir verdad, eramos bastantes compañeras en la Academia. Fuimos debidamente instruidas. Todas acabamos con excelentes calificaciones-
-No lo pongo en duda. Pero pensaba que os gustaba más otro tipo de disciplinas. La música, el baile, la pintura...-
-Todas disciplinas muy interesantes, pero quizá no tan prácticas para la realidad en la que vivimos- contestó Rose, algo tensa. Aun con esa mirada algo afable, la chica percibía que el Abad estaba intentando ser demasiado inquisitivo. Tal fue la forma en la que respondió, que su padre la miró.
-Una mujer con carácter, Lord Gobernador- dijo el Abad sin más, mirando al hombre en vez de a ella. La chica se ofendió con aquel gesto.
-Estoy muy orgulloso de ella-
-Y más lo estarás. Pienso seguir con mi formación- confesó, provocando caras sorprendidas, incluso en Laura.
-¿Como? ¿Por qué?- quiso saber Benedict.
-¿Y por qué no?-
-Hija, es innecesario. Tu título de Duquesa te permitirá acceder al conocimiento que quieras. No es necesario que vuelvas a irte para... estudiar-
-Pero es mi deseo. Me gusta estudiar, me gusta aprender nuevas cosas y el ambiente de Hardev es agradable- murmuró, sin cesar de comer. Mientras, Laura retiraba los platos vacíos y sucios de la mesa. Jacob fue el primero en terminar de comer, dado que era el único que no hablaba. La criada, se colocó a su lado y se inclinó sobre su hombro para retirar sus cubiertos. Se rozó con su hombro de manera intencionada, justo con la zona que ella deseaba.
-Innecesario- añadió el Abad -Una mujer no... necesita de formación-
-Le impresionaría saber que en otras regiones las mujeres trabajan en las mismas labores que los hombres, de manera que éstas son instruidas de manera igualitaria a ellos-
-Regiones alejadas del abrazo de Oath- dijo tajante.
-No es en Oath en quien ellos creen, por supuesto-
-Será un Hereje-
-No para ellos- Al decir aquello, el comedor se quedó en absoluto silencio. Rose dejó de mirar al Abad. Sabía que había hablado de más. Se limitó a regresar a su plato. Por el Sol, sabía que hasta Jacob la estaba mirando sorprendido.
-Vaya...-
-Abad, me temo que mi hija ha experimentado otros... aires durante muchos años. Perdonadla.-
-No creo que haya nada que perdonar si al Sol me acojo. No he dicho nada malo, ni mucho menos falso-
-Rose, por favor...-
-No, Lord Gobernador. No reprenda a su hija por sus palabras. Sus acciones son naturales. Los estudios... la formación y sobretodo en una mujer... se sabe que alejan de Oath- Al oir aquello, Rose apretó por puños, pero decidió contenerse y tragar saliva. Al mirar a Laura, observó como ésta le guiñaba un ojo. Al menos... ella la entendía. Por eso la quería como una madre.
-Por favor, continuad con el almuerzo-
Al terminar con la comida, los hombres de la reunión regresaron y una vez más, junto a Benedict y el Abad, se encerraron en el salón para parlamentar. Rose regresó a la cocina, mordiéndose el labio constantemente. Estaba nerviosa. No le gustaba la tensión experimentada y mucho menos quería que Nicholas llegara a percibirla. Finalmente, después de un rato, Marlow acabó quedándose sólo en la planta baja, pues tanto Rose como Laura subieron al baño.
El baño de los Miller era bastante amplio. La bañera era cómoda y la estructura permitía guardar el calor durante un rato. Laura tenía la costumbre de lavar el pelo a la chica cuando se avecinaba un acontecimiento especial. Y aquel día, no era para menos. Rose se dejó caer a lo largo de la bañera, y desde fuera, Laura enjabonaba sus cabellos castaños, lisos ahora que estaban húmedos. -Dime que todo esto te ha parecido tan incómodo como a mi-
-Estaba sosteniendo los platos con temblores. Le hubiese estampado uno en la cara a ese hombre- aquel comentario hizo que Rose riera -Es cierto. No consiento que te hablen así y mucho menos que pongan límites a lo que quieras hacer realmente. Eres libre, no eres una esclava. Y además eres inteligente. Puedes hacer lo que desees-
-Gracias, Laura. De verdad. Eres la única en toda la ciudad que me apoya, eso seguro-
-Me siento alegre de oír eso- aseguró -Eso me hace especial- añadió. Dejando a un lado el pelo, comenzó a lavar los hombros de la chica, dándole un intenso masaje -Estás tensa-
-Estoy nerviosa-
-Tranquila-
-¿Y si a mi padre no le gusta Nicholas? ¿Y si a Nicholas no le gusta mi padre?-
-Pues que miren para otro lado-
-No es tan sencillo-
-Lo es. Pero una vez más, a las mujeres se empeñan en ponernos las cosas difíciles. Deja de preocuparte por los demás, Rose. Piensa en ti. Si supieses... lo importante... lo valiosa que eres...- murmuró cerca de su oído. Por alguna razón, al sentir aquel cosquilleo de su voz, la chica se relajó. Sus músculos ya no estaban tensos. Incluso cerró los ojos para poder disfrutar del tacto suave de las manos de Laura. Ésta, sonrió igual de satisfecha, moviendo las manos en un círculo más amplio con respecto al eje que llevaba. Acarició sus brazos, su cuello, sus caderas... y por último, aún en el silencio, llevó las manos hacia los senos de la mujer. No los tomó, pero acarició plenamente sus laterales, su forma más redondeada. De forma inevitable, se pronunciaron sus pezones y Rose abrió los ojos y miró a Laura sorprendida.
-¿Sales ya?-
-Sí... claro- dijo, para después ponerse en pie y cubrirse con la toalla que la criada le cedió. Laura sonrió y Rose volvió a relajarse completamente. -Venga, no hagas esperar al capitán-
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